domingo, 5 de enero de 2014

SER PÚBLICO-SER PRIVADO


El tamaño natural de un grupo humano para resolver sus cuestiones de convivencia viene determinado, en general, por la distancia auditiva entre un hablante, empleando un tono de voz cómodo, y el oído de sus receptores. A esta distancia son todavía perceptibles algunos de los registros comunicativos que se perderían para un receptor muy alejado físicamente del hablante o en un entorno geográfico distinto. Esto ya fue dicho en la entrada precedente de este blog. Ahora mi propósito es describir algunos efectos que ocasionan las herramientas mediáticas, cuya función es amplificar el mensaje auditivo, o audiovisual, extralimitándolo de la comunicación fisiológica entre humanos.

A nadie le es indiferente, por ejemplo, situarse en la proximidad o en la lejanía de un líder mediático que utiliza micrófono. Los más alejados en el área de afluencia, deben resignarse a un pobre contacto visual del comunicante, que impide completar la lógica discursiva  con su lenguaje corporal.

La instalación de pantallas auxiliares utilizadas para enmendar este déficit, introduce imágenes trabadas con fonemas que a los pocos minutos son identificadas como el cuerpo y la voz reales del individuo. La inmersión emocional e intelectual del oyente en el discurso del hablante, le hace olvidar la realidad digital de estos registros básicos. Estamos habituados a identificar en nuestra percepción materiales no humanos (grabaciones acústicas, reproducciones digitales…,) con expresiones humanas  y esto parece no alterar la entrega personal a lo real. ¡Pero sí!, hay una fractura con la realidad aunque pase desapercibida en nuestra experiencia sensible. La reproducción digital de un líder mediático tendría que desdoblarse en la mente del espectador, para no confundirla como aquél en propiedad. El cotidiano personal está invadido de engañosas reproducciones, algunas con más pretensiones de realidad vivida que otras. Un estudio pormenorizado revelaría muchos grados de distorsión de lo real que pasan desapercibidos. Solo por existir una alteración espacial y temporal ya hay un grado de distorsión. Lo grave es que nos somos muy receptivos a una comunicación sin suelo, en la que se desatienden los datos sensibles de primer orden que sostienen el oleaje de significados emitidos, constituyendo la nuestra, una percepción frágil y muy vulnerable. En lo político, se media el intercambio de mensajes con la ciudadanía, utilizando personajes ficticios, suficientemente despersonalizados, estudiados y neutros, como para marginar de la comunicación cualquierdato sujeto a la singularidad y a la vida de hecho de los comunicantes. En  este auge de la comunicación fría y distante, también de su parte, el oyente responde fríamente con su voto anónimo o con una actitud distante ante las urnas.



Se han creado espectros mediáticos, falsas identidades, cuyo desenlace suprime de la comunicación la ‘humanidad’ del contacto directo, donde sentimientos y emociones juegan un papel relevante en la formalización de acuerdos y desavenencias. La desafección y el hastío que sufre el líder, entregándose a un personaje calculado para poder liderar, y la incomprensión que siente el ciudadano, por su marginación en la gestión de los  asuntos prácticos que le conciernen, tienen como resultado unas reacciones y deseos desenfrenados destinados a colmar estas carencias afectivas fundamentales.  Algunos de los efectos perversos de estas enormes lagunas en la comunicación política con el ciudadano pudieran ser: el ansia de poder de los dirigentes, la ultra endogamia de los partidos políticos, el consumo fatuo e innecesario de productos novedosos, la superficialidad de las identidades en red, el interés desbordado por acontecimientos deportivos, las aburridas películas de uno contra mil o la ‘horchata espiritual’ de los libros de autoayuda. Nunca insistiremos lo suficiente: Individuo, sociedad y entorno no tienen cómo entrelazarse satisfactoriamente careciendo de una comunicación presencial -verbal, gestual y corporal- en conexión con el escenario natural. La eficiencia tecnológica para conectarnos globalmente, no debería desconectarnos como individuos de los más próximos ni de los intereses ecológicos que nos conciernen para optimizar nuestra vida en común. 

joanbahr@ymail.com

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